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Nuestras Conversaciones, el blog de Gonzalo Prieto

Libertad, prensa escrita y televisión.

Libertad, prensa escrita y televisión.

A la sociedad que aspiro, es una sociedad abierta, pluralista y que defienda la libertad. Sin embargo deberíamos hacer el ejercicio intelectual de definir a qué libertad me refiero. 

 

La libertad que no permite el sufrimiento de un grupo social determinado. De no ser así la libertad que oprime a otros no será plena.

 

Recientemente dos cuestiones han pasado para mi gusto desapercibidas en el debate nacional. La primera es el cierre por parte del gobierno de Sebastián Piñera del diario La Nación. En segundo lugar se ha vuelto a tocar la discusión sobre el rol y el contenido de la televisión a propósito del programa de las Argandoñas. En todo esto la política parece estar en deuda y más aún las acciones concretas para resolver dichas cuestiones.

 

En el caso del ya cerrado diario La Nación, estamos ante un atentado al pluralismo, a la diversidad de opinión, a la posibilidad de elegir  - que tanto defiende la derecha -  entre un contenido y otro. Sobre todo porque en nuestro país la concentración de los medios, tanto económica como en su capacidad de crear y reproducir discursos que preforman la opinión pública es ya nociva. Y cuando no existe capacidad en el mercado (porque el mercado está lejos de ser perfecto) para brindar esa pluralidad, al Estado le corresponde no poner su propio discurso en forma de panfleto, sino garantizar la diversidad de contenidos, para este caso la prensa. Ello no tiene un valor económico, tiene un valor democrático que se condice con una visión de sociedad que claramente no es la de este gobierno.

 

En segundo lugar está la burla social que significa un programa como el que hoy emite una canal público, financiado con dinero de todos los chilenos y chilenas, que da una bofetada a la pobreza, a los valores del mérito y el esfuerzo. La discusión de la CASEN parece un chiste malo al lado de tamaña estupidez.

 

Es cierto que aunque yo encuentre el programa estúpido, éste tiene la libertad de emitirse. Sin embargo y bajo el mismo argumento de garantizar la pluralidad en los contenidos televisivos esto no puede admitirse. Porque sencillamente con dineros públicos no podemos seguir alimentando lo mismo, y con el mismo dinero podemos dar oportunidad a una infinidad de proyectos audiovisuales diferentes. Debemos garantizar la diferencia, y acabar con el paradigma fundamentalista de que todo debe estar bajo la evaluación de los beneficios económicos.

 

Toda concentración es perversa, pues conduce a sistemas totalitarios, donde la diferencia es opacada e incluso erradicada con violencia. Debemos construir una sociedad distinta que defienda el derecho a la libertad de expresar en igualdad de condiciones todas nuestras ideas. 

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