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Nuestras Conversaciones, el blog de Gonzalo Prieto

La Oportunidad sigue allí.

 

El Terremoto natural nos ha hecho olvidar por un momento, al menos en la memoria colectiva, el terremoto político que se está produciendo en Chile. En dos días el cambio de mando dará un giro, aunque no de muchos grados, a la realidad del país. Por ahora los análisis que se vierten en la prensa son en relación a las futuras obras de reconstrucción y la capacidad del gobierno de Piñera para manejar el Estado y la facilidad que tendrá su administración de trasladar a ejecutivo saliente todas las responsabilidades sobre fallos a la hora de afrontar la catástrofe, y por qué no también hará lo propio con muchas otras cuestiones que vayan saliendo.

 

Sin embargo la tarea que me convoca en este artículo no es repetir lo que otros ya han comentado y muy bien, sino a pensar sobre la oportunidad que sigue allí, el espacio político para construir una oposición y una alternativa de gobierno de centro izquierda para el futuro de mediano y largo plazo.

 

La Concertación sigue aún sin dimensionar las causas de la perdida del gobierno y en ese mismo sentido el llamado de la ciudadanía a transformar el sistema político actual. No vamos a descartar aquí las voces críticas que han intentado revelar este diagnostico, pero que han sido acallados por un discurso que nubla la vista y tapa los oídos. Una suerte de fe religiosa sobre lo bien que se ha hecho todo y ni un comentario de verdadera auto-critica.

 

Hoy la concertación se reordena bajo los mismos parámetros que provocaron su caída. Un cambio de rostro pero que encubre un mismo cuerpo desgastado. Sin proyecto político la concertación quiere seguir tirando de su alianza instrumental para conservar el poder que les queda y aspirar nuevamente a él, el año 2014. Michelle Bachelet todavía no entrega su banda presidencial y ya hay quienes la proponen como candidata, pero al mismo tiempo hablan de escuchar a los ciudadanos. La popularidad no es causa de buen gobierno.

 

Sin auto-crítica y sin proyecto político se abre una oportunidad. La oportunidad de construir una alternativa con un programa de centro izquierda que haga eco de las demandas de las y los ciudadanos más pobres y las clases medias. Con una visión económica que tenga como objetivo financiar las políticas que provean de mayor bienestar social a los ciudadanos, pudiendo materializar el discurso de la igualdad.

 

Como ya han señalado otros, el terremoto nos ha brindado la oportunidad de mostrar lo vulnerable que somos y que todo no ha ido bien, sobre todo para aquellos que menos tienen, que siguen ganando una miseria y que ante los embates más terribles de la naturaleza su único apoyo es la caridad. Ello nos demuestra en definitiva un modelo de sociedad capitalista que no se sostiene y que es incapaz además de prevenir.

 

Las tareas de una alternativa de centro izquierda deben seguir siendo los pilares de la educación, salud, viviendas dignas, empleo decente e innovación tecnológica al servicio de la economía nacional y la sociedad en general. No podemos continuar con un modelo que beneficia siempre a unos pocos, que maquilla las políticas públicas “focalizandolas” como paradigma de la eficiencia, pero que en muchos casos no es correlato del problema que se quiere resolver. Hay cuestiones que deben ser universales, pues simplemente no todo puede definirse a corte de los quintiles.

 

La democracia necesita transformarse y volverse hacia los ciudadanos, hemos perdido el valor por los asuntos públicos, ello en gran parte porque las instituciones se han alejado de la voluntad ciudadana y se han convertido en edificios de reparto de cargos públicos y técnicos al servicio de la racionalidad neo-liberal. Tenemos la necesidad de descentralizar la política y el Estado para devolverle el poder a los ciudadanos y que exista una relación más estrecha entre quienes son llamados a liderar y quienes entregan esa legitimidad.

 

En este proceso las y los jóvenes tenemos una enorme tarea ahora mismo. Pues la única forma de transformar la política es cambiar a sus políticos y quienes se sientan llamados a construir una política más democrática, más directa y al servicio de las y los ciudadanos que menos tienen, deben hoy ponerse de pie y hacerse cargo de esa responsabilidad liderando los espacios a los cuales son más afines y donde tienen puestas sus aspiraciones. La juventud debe ser capaz de transformar y transformarse así misma, apagar la tele y tomar las riendas de su futuro. No basta con conformase con espacios pequeños, deben aspirar a lo más grande pues sólo así seremos capaces de atrevernos a realizar las grandes transformaciones de la sociedad chilena.

 

Chile hoy más que nunca está envuelto en el concierto internacional y debe responder ante múltiples desafíos, no puede quedarse atrás, no puede esconderse o lamentarse, debe levantar la cabeza y mirar hacia el futuro. Ello requiere de liderazgo y hacer de la política un instrumento para mejorar la calidad de vida de las y los ciudadanos, junto con aspirar a un modelo de sociedad mas justo y sostenible.

 

La oportunidad se encuentra frente a nosotros, no podremos alegar después que no fue así.

 

 

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