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Nuestras Conversaciones, el blog de Gonzalo Prieto

Energía y Medio Ambiente

IMPUESTO A LOS COMBUSTIBLES: ¿Impuesto verde?

IMPUESTO A LOS COMBUSTIBLES: ¿Impuesto verde?

La reforma tributaria trae a colación diversas discusiones relacionadas con el cambio en las reglas del juego. La UDI ha señalado que estarán dispuestos a apoyar la iniciativa del ejecutivo (la cual se desconoce aún) siempre y cuando se elimine o rebaje el impuesto a los combustibles. Sin embargo algunas voces, entre ellas el ex – ministro de Hacienda Andrés Velasco, señalan que sería un error dicha cuestión por ser el impuesto a los combustibles un impuesto verde.

Creo preciso abordar la discusión y conversar sobre qué es un impuesto verde,para qué sirve y si realmente el impuesto a los combustibles chilenos actúa como tal o esto es sencillamente una discusión semántica que esconde otro tipo de convicciones económicas. 

Un impuesto verde es un instrumento económico que vía tributaria viene a compensar las externalidades negativas del mercado en un área específica. En éste caso, el uso de combustibles, sobre todo para el transporte público y privado en nuestro país tiene claramente externalidades negativas desde un punto de vista ambiental. La utilización supone contaminación entre otras cosas por la emisión de gases. Lo que se quiere explicar de manera práctica, es que el impuesto a los combustibles que tenemos Chile, sirve para compensar dicha externalidad pues a mayor cantidad  de consumo, el usuario (es decur nosotros y algunas empresas dedicadas al transporte) pagan más. Lo que parece ser, es que se aplica una regla internacional común: el que contamina, paga. 

Esto, desde mi punto de vista, es un engaño. Los impuestos verdes también tienen otras características, que significan que dicha recaudación se utiliza para la compensación de externalidades negativas a través de los presupuestos nacionales, regionales o locales, pudiendo así, hacer efectiva la mitigación del daño. En el caso chileno esto no es en modo alguno de esta manera, porque nuestra constitución prohíbe el uso de los impuestos que se recaudan para la afectación de cuestiones particulares  (con algunas excepciones como las fuerzas armadas) y por lo tanto, la plata va sencillamente al fondo común.

Sería muy fácil comprobar que lo que se recauda por concepto de impuestos a los combustibles no se utiliza en absoluto en la misma proporción para crear políticas públicas de mitigación ambiental. Nuestro transporte público en todo el país es por lo menos bastante malo, por lo cual si nos atenemos al argumento anterior, el impuesto a los combustible no cumple con las características de un impuesto verde.

Dicho lo anterior, el espíritu de un impuesto ambiental se hace cargo de tres cuestiones: la sostenibilidad ambiental, la sostenibilidad económica y la sostenibilidad social. El impuesto a los combustibles no cumple ninguna de esas tres variables. En primer lugar, porque no fue creado con ese fin; en segundo lugar, porque socialmente crea desigualdades, como el hecho de que las grandes empresas están exentas o se les devuelve dicho gasto. Por lo tanto como es usual en nuestro país, la mayoría, los ciudadanos, son los que pagan altos impuestos en esta materia.

Pero entonces, ¿se debe cobrar o no el impuesto a los combustibles? Políticamente parece muy impopular decir sí, se deben cobrar, pero es un engaño disfrazar el argumento diciendo que es por un tema ambiental, porque lo que realmente sucede es que cualquier impuesto tiene como fin principal recaudar, y es precisamente eso lo que se ha pretendido con su creación.

La reforma tributaria debe por supuesto contemplar la implementación en el sistema de impuestos verdes y otros instrumentos económicos para mitigar los daños ambientales producidos por personas y empresas. Ello requiere un cambio constitucional en la materia para hacer efectivo que los recursos recaudados vayan directamente al fin que se pretende perseguir. De lo contrario podríamos caer en situaciones complicadas de solapamiento o impuesto mal diseñados e implementados.

El sistema tributario debe resolver la situación de desigualdad en la que estamos y debe ser capaz de proteger nuestros recursos ambientales presentes y futuros.

Nuestra demanda de combustible irá creciendo en la misma proporción del crecimiento económico y debemos buscar fórmulas que equilibren las tres “S”. Sostenibilidad ambiental, social y económica. 


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Una Reforma Tributaria Verde

Una Reforma Tributaria Verde

Un país que tiene como ideal la justicia y la libertad debe construir una sociedad que persiga dichos objetivos. Los tributos son un sistema creado para dotar al Estado de medios económicos para enfrentar sus cada día más variadas tareas. Cualquier sistema social que aspira a la coherencia, busca tener equilibrio entre sus diversos subsistemas. Hoy el Estado chileno no tiene dicha coherencia a la hora de enfrentar sus desafíos como sistema social.

 

Chile aspira al desarrollo, aunque dicho desarrollo no es una cuestión de la cual se tenga algún consenso respecto del contenido del concepto. El desarrollo tiene que ver para algunos con meras cuestiones de orden macro-económico y para otros existe una idea humana de dicho estado. Mi posición se acerca mucho más a la segunda idea, por lo cual la necesidad de contar con un sistema tributario distinto al actual es y ha sido, urgentemente necesario e importante.

 

Entonces, si adherimos a la idea de que desarrollo es igual a: buen vivir, calidad de vida, felicidad, y contar con unas bases económica, social y política para construir nuestros propios sueños, llegaremos con total normalidad a la conclusión de que es necesario transformar nuestro sistema impositivo actual para hacer frente de manera coherente los objetivos de ese desarrollo país. Sin embargo aquí debemos aprovechar el filón, sabiendo que un desarrollo con buen vivir también integra la variable medioambiental, por lo cual nuestra reforma tributaria también requiere ser verde.

 

Varios países europeos en su momento adoptaron estás medidas. La tributación ambiental tiene como principal objetivo el mismo que todos los impuestos, recaudar, pero el fin de esta recaudación se utiliza para mitigar y en algunos casos compensar el daño ecológico que provoca la acción humana. Por lo cual una reforma tributaria verde en nuestro país requiere de una reforma constitucional que cambié la imposibilidad actual de no afectación de los impuestos a cuestiones específicas. Abriendo de manera directa o como excepción la posibilidad de que impuestos verdes sean utilizados en políticas públicas medioambientales. Consagrando así una máxima utilizada por aquellos países desarrollados a los que tanto nos gusta mirar. EL QUE CONTAMINA PAGA.

 

A diferencia de las multas que el actual sistemas chileno tiene para castigar a quienes incumplen la normativa, la idea de tributos ambientales busca adelantarse, no sólo castigar, y tiene un fin mucho más pro-activo en la utilización de dichos recursos. Dicha reforma también debe tener un amplio componente descentralizador, pues son los territorios los mejor preparados para saber dónde deben inyectarse los recursos y la naturaleza de los bienes ambientales a resguardar.

 

Chile estaría adelantándose a algunos acontecimientos de alta probabilidad en estas materias, ya que en el periodo post protocolo de Kyoto los países desarrollados (hoy en crisis) desean proteger tanto sus productos como su competitividad creando las tasas verdes de entrada a todos aquellos productos que sean elaborados con huellas ecológicas mucho más grandes que las suyas y por lo cual mucho de lo que exporta tendrá que tener cánones muchos más rigurosos. Varias empresas ya se están adelantando a estos escenarios posibles.

 

La reforma tributaria verde avanzaría en la dirección correcta de un desarrollo sustentable que no sólo reacciona ante el daño, sino que se adelanta y genera acciones con recursos disponibles para la conservación de nuestro medioambiente.

La Política y el Medio Ambiente

La aceptación de nuestro actual paradigma de sociedad, es el resultado de un proceso de evolución del pensamiento político occidental. La filosofía ha caminado desde sus inicios hasta hoy queriendo dibujar los marcos tanto de nuestra ética y moral, y de la forma en cómo nos gobernamos a nosotros mismos.

 

La discusión sobre la libertad, la justicia, el Estado, son parte de esa andadura en la que podemos decir con propiedad, que el debate ha dejado varios cabos sueltos. Puesto que la preocupación de autores como Hobbes, Locke, Rousseau, Rawls, Berlín, entre tantos, dejo de lado una cuestión capital que es hoy uno de los mayores desafíos de esa sociedad que hemos construido, nos referimos aquí: al medio ambiente.

 

El medio ambiente no es solamente proteger los árboles y animales en peligro, cuestión que ya es bastante difícil, es también una comprensión filosófica de dónde estamos y para qué estamos aquí. Esa profundidad que parece que las ideas políticas occidentales pasaron por alto son en parte responsables de siglos de despreocupación.

 

Fue la economía y la planificación, las que han puesto acento a las preocupaciones ambientales. Esto se ha manifestado en las teorías del desarrollo y las diversas perspectivas de ella.

 

Nosotros los seremos humanos, somos parte de un planeta, de un sistema biológico complejo que en el que debemos vivir, al paso de nuestra vida deberíamos poder armonizar con ese entorno. Eso no ha sido así, todo lo contrario, hemos sido depredadores de nuestro propio entorno. Porque a lo largo de los años nuestra sobrevivencia se ha basado en el consumo de recursos, recursos supuestamente escasos, de los cuales debemos administrar y hoy por hoy, además de ello no sólo ha sido redistribuir, sino obtener un beneficio sobre ello. Hemos sido los seres humanos los que hemos creado un mundo de ficción donde apropiándonos de lo que naturaleza nos proporciona, con una ética antropocéntrica arrogante, destruimos el habitad con una falsa idea de preservación de la especie. Y por qué digo que aquella idea es falsa, porque sencillamente no es la única forma de preservarla, siendo posible otras formas de vivir en armonía con nuestro entorno natural y también con nosotros mismos.

 

El desarrollo sustentable ha surgido como alternativa a nuestro paradigma occidental de consumo, pero no tanto, ya que si bien es un planteamiento adecuado, éste no resuelve del todo nuestra contradicción fundamental, nuestra idea de desarrollo (como crecimiento económico, adquisición de bienes y servicios, alcance de la felicidad a través de la acumulación de capital económico, cultural y simbólico) y la preservación del mundo natural en el que realizamos toda nuestra vida. La propuestas suelen ser medidas paliativas de carácter más bien tecnocrático para poblaciones pequeñas. En definitiva, seguimos sin tener un relato filosófico capaz de producir un cambio en la sociedad en que vivimos y que nos permita reorganizar el debate, como lo hicieron otros, sobre cómo debemos vivir en este mundo.

 

Reitero la palabra occidental, pues soy consciente, aunque no experto, de que a lo largo de la historia de la humanidad existieron y existen ideas sobre como vivir en armonía con el planeta, y no sólo eso, esas ideas fueron materializadas en la organización social.

 

Quien lee estas palabras dirá o seguramente hace varias líneas atrás se planteó la siguiente pregunta: ¿cómo hacemos para echar por la borda miles de años de evolución y pensamiento, para aprender a vivir de otra manera? Mi respuesta por ahora es: no podemos, no podemos dejar todo atrás, es imposible levantarnos mañana y encontrar nuestro planeta sin nada y volver a comenzar, por ello las propuestas reformistas, que han entendido efectivamente esto, hacen lo que pueden, pero es necesario no declinar en construir un marco de ideas que debatan los viejos temas para dar respuesta a las nuevos nuevos desafíos que tenemos como sociedad. Es imprescindible que la idea de la política tenga como elemento fundamental que vivimos en un planeta vivo, y que si le continuamos haciendo daño terminará por morir y nosotros junto con él.

 

Plantéense ustedes cómo armonizamos la idea de vivir en un planeta sostenible y al mismo tiempo respetar a libertad individual, en un marco democrático. ¿Qué pasaría si en un referéndum la gente votará por actividades dañinas para el medio ambiente?, ¿Cómo encontramos ideas para que la gente se convenza de no tener más autos, más lavadoras, más de todo? No es nada fácil, y por eso el ejercicio de pensar, reflexionar intensamente e ir de lo abstracto a lo concreto es necesario, pues no basta sólo con las consignas que suenan bien, pero que no dan respuesta al presente y el futuro que necesitamos.

DESARROLLO Y ENERGÍA EN CHILE Un debate para tod@s

DESARROLLO Y ENERGÍA EN CHILE Un debate para tod@s

Si por un momento pensáramos hipotéticamente que existe un botón, capaz de apagar en un segundo toda la generación energética del país (es decir, que nos cortara la luz) seríamos capaces de dimensionar las consecuencias humanas y socioeconómicas que derivan de la falta de energía.

Nuestro mundo actual requiere ingentes cantidades de energía para sobrevivir, energía en el más amplio sentido del término, y sin ella retrocederíamos años, si no siglos. 

Es entonces que constatamos una relación más inteligible: desarrollo y energía van de la mano, pues para seguir en la senda del desarrollo necesitaremos energía que lo permita.

¿Qué tipo de desarrollo es el que queremos? Esa discusión, que parece no darse en Chile, tampoco quiere ponerse en debate, ya que nos hemos entregado como corderos al matadero con un modelo socio-económico que privilegia a unos pocos por sobre la mayoría. Un modelo que ha construido un marco de valores que permite el despliegue de las ideas de un crecimiento económico y el desarrollo del chorreo, nublando cualquier tipo de alternativa, como un modelo que privilegie el buen vivir y el desarrollo sustentable. 

Con una democracia enferma y un modelo económico que privilegia al más fuerte, debatir sobre nuestro modelo energético parece imposible. Hemos entregado el debate a los técnicos, “a los que saben de estas cosas”, pues para la ciudadanía, esto de la energía es algo que no se entiende y mejor que así sea, pues de este modo no molestan. 

Es aquí donde trasladamos el debate sobre la energía y el desarrollo al terreno de la política (al terreno que le es propio), porque nos estamos jugando el devenir de todo un país y con ello debemos preguntarnos hacia dónde vamos y cómo queremos llegar hasta allí. Si continuamos como vamos, estaremos incubando una crisis social profunda que estallará tarde o temprano, pues los sectores excluidos son cada día más y están relegados a la “inclusión” de comprar y usar más tarjetas de plástico. 

Preguntarnos qué tipo de desarrollo queremos implica presentarle a la ciudadanía las opciones posibles, y eso no es más que la política en sí misma. Posteriormente es necesario consultar de manera democrática ¿qué es lo que preferimos? ¿Q queremos que el norte grande de Chile, siga teniendo un 99,06% de energía generada por termoeléctricas que dañan nuestro medio ambiente y nos roban día a día el agua? ¿Queremos un sistema que privilegia la concentración económica por sobre el bienestar de la ciudadanía?

La política energética requiere de un pacto social y político que determine hacia dónde vamos. Ello pone de manifiesto la revisión de todo el sistema y de la opinión de todos los actores, con una visión de país que privilegie el desarrollo sustentable económico, social y medioambiental. 

Debemos avanzar hacia un modelo más diversificado y limpio. Algunos plantean que la posibilidad de aumentar las energías renovables no convencionales es una tarea infructuosa por el alto costo que implica, pero debemos tomar decisiones como país respecto de dónde invertiremos nuestro dinero. Este es un tema tan importante como la salud o la educación y debe ser atendido con el mismo sentido de Estado, implicando los esfuerzos necesarios para generar el cambio. 

Las ideas son muchas; es posible aumentar la cuota de energías limpias, junto con mejorar la eficiencia energética y optar por modelos de generación, transmisión y distribución en red, y de autosustentabilidad en muchos casos perfectamente posibles. Pensemos en poblaciones pequeñas o incluso polos industriales que sean capaces de generar su propia energía. 

Hay muchos temas que poner en la mesa, pero requerimos de la voluntad política de poner manos a la obra en algo clave para el futuro de las y los chilenos. Chilenos que hasta ahora han visto el tema de la energía como algo que parece que no les incumbe y quedan en las manos de unos pocos lobbies del sector energético y los gobiernos, que influyen y presionan por mejores condiciones para una alta rentabilidad pero con escaso beneficio social y ambiental. 

Las personas no sólo reclamarán por la cuenta de la luz a fin de mes -que ya es bastante alta- sino que exigirá que muchas cosas no se repitan. La gente aprende más rápido de lo que las políticas públicas cambian; debemos hacer el esfuerzo de realizar ese gran pacto que nos permita avanzar al desarrollo, pero a un desarrollo con menos desigualdad y con una matriz energética diversificada, limpia y, por sobre todo, segura. 

LA GEOPOLÍTICA DEL MEDIO AMBIENTE

LA GEOPOLÍTICA DEL MEDIO AMBIENTE

Lee esté artículo en http://www.redaccion.cl

Consideraciones sobre el juego de poder detrás del discurso medioambiental

¿Qué duda cabe que estamos ante un momento histórico para el planeta? Somos testigos de los grandes cambios a nivel tecnológico y debemos hacer frente a un deterioro desmesurado de la naturaleza producto del crecimiento exponencial que implica grandes consumos de energía, recursos naturales no renovables y la perdida de diversidad biológica. A pesar que el discurso de ambientalistas o ecologistas viene dándose hace mucho tiempo, desde los 70 que ya existían informes como el Brundtland o la cumbre de Río en 1992, es hoy cuando existe mayor conciencia respecto del daño medioambiental que le estamos causando al planeta día a día y es el momento a lo largo de la historia donde mayor énfasis en la mitigación de las consecuencias dañinas estamos colocando.

 

Esta tesis puede ser perfectamente plausible pero, ¿es del todo cierta?, no me refiero a cuestionar los daños del cambio climático sino a qué está detrás de los discursos y acciones medioambientales de los estados más ricos del mundo. ¿Es sólo conciencia ecológica o existen otras cuestiones?.

 

El factor petróleo.

 

Como sabemos la industria actual y la gran parte de nuestro sistema global se mueve entorno al petróleo. Éste recurso energético que también es parte de un sin número de procesos industriales, producción de materiales, es clave a la hora de analizar la necesidad del cambio en nuestro modelo energético general, así como también la idea del discurso medio ambiental.

 

A día de hoy el precio medio estimado del petróleo es de 97 dólares por barril. El alza en el precio del crudo tiene francamente preocupados a todos los países, pues el precio puede está afectando seriamente la economía mundial. Además de estar enriqueciendo día a día las arcas fiscales de los países productores que están controlando el ritmo de la producción y por lo tanto la subida de los precios.

 

No es que se vaya acabar el petróleo como nos decían, sino que su producción es más lenta con el fin de aumentar el precio. La pregunta obvia es ¿quién se queda con el dinero?, y ¿qué hacen con él?

 

El nuevo orden mundial

 

El hecho es que el petróleo sigue importando y mucho. Todos los días los países desarrollados están trasladando importante cantidades de dinero a países productores que no son precisamente de corrientes ideológicas cercanas ni a los intereses europeos y menos aún a los intereses de Estados Unidos. Según el profesor de la universidad de Barcelona Mariano Marzo, los países productores están comprando fondos soberanos de los países desarrollados y controlando poco a poco las grandes multinacionales que estaban en manos de los países europeos y Estados Unidos. Éste es un cambio de mano que re-define el orden mundial conocido y pone a países de oriente medio como Arabia Sudita o Venezuela como los nuevos dueños en el mundo (al menos de parte importante).

 

A ello si sumamos el avance descomunal de China, la India y Brasil, vamos pensando una nueva forma de entender la necesidad de cambiar el modelo de generación energética mundial, pues el mango de la sarten puede cambiar de manos en pocas décadas.

 

¿Cómo se re-interpreta el discurso medioambiental?

 

Los países más ricos vienen poniendo en marcha una serie de investigaciones el más alto nivel para acometer el cambio profundo en materia energética. Muchos de los avances no se han implementado por la obstrucción que ponen los grandes intereses petroleros, léase el caso de los autos eléctricos diseñados hace ya casi dos décadas y donde aún tienen problemas de colocarse en el mercado.

 

Parece entonces que la discusión sobre el medio ambiente responde más a la necesidad de los países ricos de conservar su hegemonía económica y cultural que a verdaderas razones por mejorar la calidad ambiental del planeta y tener un paradigma de desarrollo sustentable.

 

Los países en desarrollo como Brasil, India o China tampoco quieren que su desarrollo se vea mermado por cuestiones de tipo ambiental y han sido férreos opositores a cambios en las reglas del juego como el impuesto verde que se les quiere imponer a las exportaciones de sus productos. Dentro de los países desarrollados ésta es una cuestión generalmente debatida por los sindicatos de trabajadores que ven como peligran sus fuentes laborales producto de los bajos precios de países de américa latina o Asia.

 

Entonces el medio ambiente, la biodiversidad ¿a quién le importa?, todo es un juego de dinero y poder global que busca el control y la no perdida del poder político y económico.

 

Sin embargo el problema existe, el cambio climático no es un invento y es absolutamente evidente. Nuestro nivel de consumo actual no es sostenible y necesitamos realizar una nueva revolución en materia industrial y tecnológica que nos permita dar un paso más allá y vivir de una manera sostenible y con un bienestar adecuado. Dichos desequilibrios no son fáciles de resolver.

 

Lo que he manifestado más arriba es la situación que atraviesa la difícil tarea de adoptar nuevas formas de producción energética, donde la situación geopolítica debe ser considerada como una variable importante a tener en cuenta y que el debate se torna más complejo a medida que vamos investigando con mayor rigurosidad la situación de como avanzamos a mitigar el cambio climático y transformar nuestro modelo energético en la economía actual.

LA INVERSIÓN EN ENERGÍAS RENOVABLES ¿Hasta dónde ha avanzado Chile?

LA INVERSIÓN EN ENERGÍAS RENOVABLES  ¿Hasta dónde ha avanzado Chile?

Se ha constatado que el deterioro del planeta tiene entre sus causas el crecimiento desproporcionado de nuestro actual sistema económico, el capitalismo, que sólo opera bajo el paradigma de coste-beneficio y por lo tanto todo aquello que no se ciña a esté principio queda descartado como posibilidad de irrumpir en el homogéneo sistema.

 

La industrialización ha requerido ingentes cantidades de energía, esa energía es proporcionada por distintos métodos, entre las que ha destacado el petroleo, gas, carbón, la energía nuclear e hidroeléctrica. Los llamados países desarrollados, a los que yo preferiría llamar países ricos, han sido los principales responsables del consumo energético producto de su aumento exponencial de la producción de bienes y servicios, bienes y servicios que finalmente ocupa en mayor o menor medida todo el globo. Por ello es que con mayores o menores responsabilidades, todos somos parte de la solución que debe llevarse a cabo.

 

En Chile, el modelo energético es propio de un país con las características del sub-desarrollo. Un país que emerge abriéndose al mundo y que aumenta su producción (Ej: Chile potencia agroalimentaria, Chile país minero) ya sea en sus objetivos futuros como en su modelo económico presente, el país necesita más y más energía para acometer ese sentido finalista y poder decir que Chile es un país desarrollado, que no es otra cosa que llegar a un PIB per-capita por sobre los 22.000 dólares PPA, cuestión que no tiene nada que ver con el desarrollo o el buen vivir.

 

Gracias al discurso global que ha puesto en relieve la discusión sobre el medio ambiente y la necesidad de salvaguardarlo realizando cambios sobre todo en el ámbito energético, es que nuestro país también se suma y su población comienza a mostrar señales que protegen (al menos en el discurso público) el medio natural. Cabe preguntarse aquí, si existe algún estudio sociológico que permita defender la idea de que las y los chilenos se preocupan verdaderamente por el medio ambiente y tienen conductas coherentes con ello. Todo esto nos lleva a preguntarnos lo siguiente: ¿Es posible que Chile realice un cambio en su modelo energético? Responder a ello requiere ver al menos en un panorama general, cuáles son las condiciones para realizar ese cambio y si realmente existe voluntad política para dar el salto. Hasta ahora la hipótesis que planteo, es que mientras continuemos en un paradigma de crecimiento y desarrollo que tiene como base el capitalismo, las energías renovables tendrán poco que hacer en nuestro sistema de generación energética. No porque algunos no queramos, sino porque no existen las condiciones de ello.

 

ALGUNOS DATOS IMPORTANTES

 

Según la Comisión Nacional de Energía (en adelante CNE) difunde que el 66% de la energía generada es utilizada por los clientes NO REGULADOS, estos clientes no regulados son aquellos que consumen más de 2.000 KW/Hora, como ya podrán ustedes deducir, estos clientes son medianas y grandes empresas, siguiendo la lógica de producción igual consumo energético. Cuando se plantea la necesidad de tener más generación energética se piensa básicamente en el crecimiento de la producción y no necesariamente en las necesidades de la población. Aunque la población cuente como variable para realizar los estudios de demanda energética de un país al mediano y largo plazo.

 

La condición finalista de desarrollo ha llevado a Chile a ingresar en la OCDE y con ello, junto con otras cuestiones como la ratificación del protocolo de Kioto, se deben realizar cambios en el modelo energético que básicamente tienen que ver con más generación y políticas de eficiencia energética (véase el Plan Energético de la CNE). Deben sumarse los factores internos, la necesidad de contar con la seguridad energética suficiente que no es otra cosa que la autonomía de un recurso tan preciado. Recordemos los problemas del gas argentino, los cortes de suministro y la negativa de Bolivia a vendernos el gas. Son estos argumentos los que han llevado a la necesidad de contar con una generación eléctrica que permita cubrir tanto la demanda del país como así también el criterio de seguridad y finalmente el de imagen país.

 

Otro dato es la apertura e incentivo hacia las ERNC, con lo cual el Estado chileno ha generado diversas posibilidades para incentivar al inversión y por otro lado dar una imagen de país comprometido con el medio ambiente.

 

Se crea la ley 20.257 la cual obliga a las grandes generadoras (que producen más de 200 MW/h) ha que en el plazo del 2010 hasta el 2024, el 10% de la generación energética provenga de ERNC en un proceso de menos a más. Una gran noticia, pero que tiene sus problemas, o pequeñas trampas. La primera es que la producción hidroeléctrica es renovable y por tanto queda fuera de la obligación, en segundo lugar muchas de las plantas termoeléctricas, que son las más contaminantes, no caben en la categoría de grandes generadoras, pues generan menos de esos 200 MW/h. Un buen ejemplo es la termoeléctrica de Patache ubicada en la primera región de Tarapacá, la cual genera 110 MW/h y abastece a toda la región. Ésta no es considerada una gran generadora por lo tanto no se le obliga a generar un 10% de energías renovables.

 

La ley por lo tanto parece un buen avance, pero es insuficiente, pues no tiene el alcance necesario.

 

A través de CORFO, el Estado ha creado una serie de instrumentos de fomento que aumenten la inversión en energías renovables (estos datos pueden ser encontrados en la página de la CNE). Estos instrumentos son subvenciones a proyectos de pre-inversión de generación de energías renovables no convencionales. Algunos aportan hasta el 2% del costo total del proyecto y financian tanto estudios avanzados de ingenierías como así también consultorias técnicas con un monto que puede llegar hasta el 50% del proyecto de pre-inversión. Todo esto siguen siendo buenas noticias, pues se avanza por un camino correcto, pero nuevamente nos encontramos con un pequeño problema, la lógica predominante del mercado.

 

EL MERCADO CHILENO.

 

El mercado chileno en materia de energía se divide en tres áreas, generación, transmisión y distribución. Tanto lo primero como lo último suponen un mercado con varios competidores, buscando que el sistema tenga como objetivos los menores precios posible. Para el caso de la transmisión éste es un cuasi monopolio debido a la naturaleza propia del tipo de negocio.

 

El precio de la energía o mejor dicho de la generación de que se vende a los transmisores y éste a los distribuidores es regulado a través de la comisión nacional de energía cada 6 meses. Estos precios son fijos para los clientes regulados, pero no así para los otros (no regulados) que pueden fijar sus precios con bandas de hasta un 20% más del precio público. Junto con ello la ley obliga a las empresas transmisoras y distribuidoras a comprar la energía que se genera, esto permite dar un incentivo a la inversión.

 

Los países ricos han realizado profundos cambios en sus modelos energéticos, un caso de estos es España, el cual alcanza un 20% aproximado de participación de energías renovables en su matriz eléctrica. Ello ha sido posible porque el Estado español ha colocado ingentes cantidades de recursos económicos que subvencionan la actividad y junto con ello ha garantizado un precio de compra que permita respaldar las tasas de retorno de las inversiones. Sin ello el mercado de energías renovables no hubiese sido posible.

 

 

 

EL ANÁLISIS

 

Chile ha avanzado en la senda de dotar al país de energías más limpias, demostración de ello han sido los cambios de orden lega y también en una política pública de fomento a la inversión. Sin embargo esto es insuficiente desde la perspectiva económica o mejor dicho de las la lógica de los inversionistas que no ven aún seguridad para invertir en ERNC en el país.

 

Ante ello, las posibilidades hacia el futuro son dos. Que el Estado garantice los precios de venta con el fin de hacer rentable el negocio de las energías renovables o como segunda opción que el Estado sea quien invierta en ello siendo la vanguardia de un cambio en el modelo energético y en definitiva en un desarrollo más sostenible.

 

Por ahora la segunda opción es difícil que salga a la luz, tanto por como se han comportado las políticas públicas chilenas en está materia, como por el hecho de que ello requiere sustantivos recursos económicos que en la lista de prioridades tanto técnicas como políticas no se encuentran en el primer orden.

 

Sigue siendo entonces tarea de las y los ciudadanos organizarse tanto para reproducir un discurso que presione a nuestras autoridades políticas en la búsqueda de opciones que nos permitan cambiar ese modelo actual que es nocivo con nuestro medio ambiente y que se encuentra hipotecando el futuro a tasas económicas y sociales muy altas. Chile vive un periodo óptimo para acometer cambios estructurales en diversas materias, la energía no puede queda rezagada al mero análisis costo-benfecio.

ENERGÍA, MEDIO AMBIENTE Y ÁMERICA LATINA Contradicciones e intereses

ENERGÍA, MEDIO AMBIENTE Y ÁMERICA LATINA  Contradicciones e intereses

La energía ocupa un lugar privilegiado en la agenda nacional e internacional de cualquier país en todo el planeta. Finalmente la discusión central del cambio climático está basada en cómo la sociedad mundial continúa con estos niveles de crecimiento y consumo sin agotar sus recursos para ello. Y es la energía en todas sus formas el recurso del cual hablamos.

 

América Latina se enfrenta por lo tanto a una gran pregunta de presente y de futuro. ¿Es el camino del desarrollo de los países industrializados el que queremos seguir? ¿Es ese nuestro objetivo? Si esto es así el camino se oscurece, pues si bien América Latina es una de las regiones en el mundo que paga (literalmente) por la contaminación de los países industrializados, también es de las regiones que posee un gran nivel de recursos naturales y energéticos que deben ser explotados o desarrollados en forma sustentable, ello requiere al menos dos cosas importantes. La primera es que los estados latinoamericanos tomen una decisión firme en tanto que sus recursos naturales y energéticos son de valor estratégicos y no pueden convertirse en un productor más del mercado. En segundo lugar, debemos entender que la gestión de esos recursos debe realizarse de manera sustentable, y ello requiere sin lugar a dudas transformar nuestro paradigma de crecimiento y consumo actual en todos los niveles de la sociedad, un gran desafío que es difícil de imaginar que se lleve a cabo.

 

Haciéndonos cargo del primer supuesto, el control de los recursos es importante, el paradigma capitalista ha convencido a todo el mundo de que los recursos naturales deben gestionarse sobre el marco del mercado, como un recurso más para lograr su eficiencia (económica) y así asegurar el suministro de los países. Latinoamérica pasa por un momento delicado, justamente porque su cambio de paradigma ha traído consecuencias, la escasa diversificación de sus fuentes energéticas ha puesto en alerta a los países teniendo que hacer uso del racionamiento eléctrico. De este panorama me han enviado un artículo que hace un relato bastante certero de la situación y propone las líneas de solución que debieran tomar los países en América Latina.

 

Haré un breve resumen por los principales puntos del artículo para luego expresar mi opinión sobre él y dar alternativas que en mi opinión responden a una mirada mucho más estratégica y con sentido regional que la del artículo en cuestión.

 

El artículo1 cita que pese al crecimiento de América Latina, su reto principal (entre otros) es la mejora en la diversificación e infraestructura de sus sistemas eléctricos. Detalle los actuales problemas de Venezuela con las centrales hidroeléctricas; Bolivia y el gas; Argentina y la falta de inversión y los precios; Cuba y su plan de ahorro energético; Brasil y su red hacia el Pacífico, particularmente la red que debe llevar y no lleva agua a muchos puntos del país; Chile y los evidentes problemas que sacó a la luz el reciente terremoto. Todo apunta según el artículo a un monocultivo de fuentes hidroeléctricas que hacen depender a los países de los factores climáticos y que cuando éste falla, falla todo el sistema. También se destaca la falta de inversión y el poco incentivo que existe en la región.

 

Colombia es el país de cual tendríamos que seguir el ejemplo el resto de los países latinoamericanos. Pues Colombia dejó en manos de las empresas privadas la construcción de Termoeléctricas a Carbón, Diesel y Gas (las últimas de ciclo combinado). Un marco regulatorio e inversión privada hacen más eficiente el sistema, diversifica las fuentes y pone en marcha generadoras que no dependen del agua y los factores climáticos, por lo cual los riesgos disminuyen. ¡Una maravilla!, pero creo que debemos ser cautos y poner en el análisis algunas cuestiones de vital importancia.

 

América Latina junto con ser la región que debe pagar los costos económicos y sociales del cambio climático, es además la que continúa siendo receptora de tecnología sucia. Las termoeléctricas son agentes contaminantes que aceleran la destrucción del planeta. Además le hacen el negocio redondo a las empresas, preferentemente europeas que deben reducir sus emisiones de CO2 debido a la regulación que les impone el protocolo de Kioto en el viejo continente, pero que obtienen permisos de emisión contaminando en otra parte y por supuesto ganando más dinero. El mercado de emisiones les obliga a presentar modelos de desarrollo limpio (MDL) que dentro de los requisitos se encuentran, que tienen que operar con la tecnología más alta dentro de los países en los que se aplica. Como ya hemos constatado los países latinoamericanos cuentan con una baja diversificación energética y en muchos de ellos con tecnologías deficientes, por muy buenas que sean las tecnologías que nos traen de Europa, éstas siguen siendo contaminantes y junto con ello las empresas aprovechan de adueñarse de un recurso estratégico de los Estados bajo la lógica del mercado.

 

Quienes defiendan esta última cuestión con el discurso del mercado global y el fin del estado como interventor en materia económica se equivocan. Pues ningún país europeo o norteamericano arriesga a poner en manos de terceros sus fuentes energéticas, véase el caso de España con la alemana EON, a la cual le fue imposible comprar acciones de Endesa España. Pero aquí promueven el mercado común europeo, pamplinas. Cuando se trata de energía hay proteccionismo, pues el argumento es que es un recurso estratégico y nacional.

 

En mi opinión la tarea que debe emprender América Latina son las de integración energética, una de las buenas ideas es el anillo energético propuesto por Ricardo Lagos (al menos yo se lo he leído a él ). Un sistema que implica un buen marco regulatorio, una inversión público-privada, y una red regional que diversifique y asegure la energía. A ello debemos agregar claramente el componente sustentable, invirtiendo en las mejores tecnologías y abriendo al mismo tiempo centros de investigación en materia energética. Para el propósito voluntad política y sentido de futuro, cuestión que hace flaquear la propuesta.

 

No es de locos pensar en un fondo latinoamericano de la energía sustentable que desarrolle e implemente infraestructuras y políticas de eficiencia. Comprendemos que a mediano plazo podremos reemplazar las termoeléctricas por tecnologías limpias.

 

En Chile el Sistema Interconectado del Norte Grande cuenta con un parque eléctrico de más del 90% de termoeléctricas, sin duda alguna debemos avanzar en transformarlo, podemos hacerlo si tenemos voluntad política y sentido de futuro, insisto. Si la energía se encuentra en el centro de la discusión de los próximos años, debemos tomar el camino correcto, pues el camino correcto beneficia a muchos en vez de a unos pocos, la propuesta del artículo que leí no hace más que engordar la contabilidad de las grandes empresas que pagan una miseria de impuestos y son dueños de recursos estratégicos.

 

Es posible cambiar el paradigma, pero para ello necesitamos la participación de todos y por sobre todo necesitamos visibilizar que existen alternativas que si bien pueden ser costosas a corto plazo nos beneficiarán a todos y a todas en el futuro. ¿Estamos dispuestos a realizar ese esfuerzo?

 

REFLEXIONES EN EL DÍA MUNDIAL DEL AGUA

REFLEXIONES EN EL DÍA MUNDIAL DEL AGUA

Lo cierto es que el agua es una necesidad transversal de todas las sociedades, de todos los individuos y especies del planeta. Nuestro plantea agua necesita de esfuerzos mayores para conservar su fuente más importante, de lo contrario estaremos poniendo en peligro nuestra propia subsistencia. Dejo aquí varios link que pueden ser interesantes para la reflexión sobre el Agua.

 

http://www.aguacam.com/materiales/pdf/aguamediterraneo/el_planeta_tierra_funciona_con_agua.pdf

 

http://www.rtve.es/alacarta/player/374215.html

 

 

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Cumbre de Copenhague un día crucial.

Cumbre de Copenhague un día crucial.

¿Es tan crucial este día? o los que vienen. Sin duda alguna lo es para bien o para mal, hoy veremos la altura de la gran política internacional, la capacidad de llegar a acuerdos, junto con la acción real de querer avanzar en cambiar nuestro modo de vida en este planeta, nuestro planeta.

Hoy se está realizando la cumbre de Copenhague, importante porque se acaba el protocolo de Kyoto y debemos fijarnos nuevas metas. Aunque cabe ser muy ecéptico, pues el protocolo de Kyoto no ha sido llevado a cabo en su totalidad y muchos no han cumplido con él.

Sin duda las potencias del mundo son las mayores responsables de llevar los acuerdos ya avances a un punto que nos enorgullesca y que haga que el resto de los países siga una senda de transformación en nuestro modo de vida. También deben hacer lo propio los países en vías de desarrollo, pues su aportación también es capital para el futuro.

Iré siguiendo la cumbre a través de los medios e intentando comunicar sus avances a lo largo del día. Esperemos que haya avances.

MEDIO AMBIENTE Y VOLUNTAD POLÍTICA

MEDIO AMBIENTE Y VOLUNTAD POLÍTICA

 

El medio ambiente ha logrado convertirse en un tema central desde las instituciones hasta las conversaciones cotidianas. La popularización de un discurso que se aleja de los entornos exclusivamente académicos o círculos de expertos, demuestra el éxito de instalar en la centralidad de los mercados lingüísticos, como diría Bourdieu, un tema que sin lugar a dudas alcanza a todos y a todas, sin distinción de nacionalidad, pero donde las respuestas a sus efectos deben venir en primer lugar de los países industrializados secundados por los en vías de desarrollo.

 

Esta acción contra el cambio climático es una batalla dura, pues las decisiones dependen de la voluntad política de quebrar el viejo paradigma de políticas que cuesten poco dinero y beneficien mucho. No sólo es una lucha de orden económico (que lo es en gran parte), supone un cambio cultural en toda la estructura social. Es entonces, donde la voluntad política cobra mayor importancia, pues las decisiones con visión de futuro y sentido de sociedad, serán las que en los próximos años habrán demostrado que valía la pena arriesgarse, invertir y darle un nuevo rumbo al modelo de consumo irracional que devasta nuestro ecosistema y hace peligrar nuestra convivencia en el hábitat natural.

 

En el discurso inaugural del día del Medio Ambiente, el Secretario del Medio Ambiente para Naciones Unidas resalta el enorme compromiso de México en medidas contra el cambio climático, no tan sólo desde el Estado sino también desde el empresariado mexicano. Estamos a la espera de la convención mundial que se realizará en Dinamarca en el mes de diciembre donde se espera avances importantes en esta materia. Todo depende de los líderes, y de que el cálculo prime a favor del futuro, de transformar nuestro modelo energético para los próximos años.

 

En Chile vamos lento, pero vamos avanzando. Sin embargo tenemos una discusión pendiente, en materia del Medio Ambiente tenemos monopolizada la discusión en el tema de la energía, sin lugar a dudas necesitamos tener un sistema auto sustentable, seguro y económico para las familias de chilenos y chilenas. Pero cuidado con querer hipotecar el futuro, las voces de la energía nuclear están al acecho. Lo que se ha dicho es que la energía nuclear es más barata y que es segura, pero aunque lo segundo puede ser discutible, mayor es la discusión sobre sus consecuencias y el tratamiento de los desechos nucleares.

 

No obstante, no todo es el tema energético, también necesitamos de otras tantas políticas que acompañen y profundicen un cambio de fondo en lo que respecta a una nueva forma de entender nuestra existencia en el medio natural en que vivimos. Aquí cabe señalar el tema del agua, la basura, los temas urbanísticos, el transporte, la industria, etc. Nuestro marco normativo (el chileno) todavía carece de fuerza para tomar las riendas de un nuevo rumbo. Y será la voluntad política de nuestros líderes y de quienes se comprometan a transformar la manera en que vivimos, la que dará los nuevos impulsos del cambio social.

 

No veremos nosotros, ni siquiera la generación siguiente las consecuencias de las acciones que emprendamos hoy. La historia nos enseña que los cambios en la gran mayoría de las ocasiones son lentos, son algunos quienes plantan la semilla y años después otros quienes recogemos los frutos. Ahora será tarea nuestra sembrar un mundo diferente para que quienes vienen por delante sepan que las decisiones que se toman hoy pueden ser trascendentales para mañana.

 

Chile necesita de cambios, de una mirada de Estado. No debemos continuar con el discurso que nos minimiza, ese que se mira contemplativamente pensando en que somos pequeños y que no podemos. Alturas de miras, voluntad política y visión de Estado, para estar por delante y no siempre a la cola. No es fácil y puede que salga hasta caro, puede que algunos deban sacrificarse hoy, pero sin duda otros se beneficiarán mañana.

 

 

 

 

NOTICIA PATAGONIA SIN REPRESAS

NOTICIA PATAGONIA SIN REPRESAS

Un estudio de acádemicos de la Universidad de Chile demuestra que no es necesario llevar a cabo proyectos como los de HidroAysen. La demanda energética al año 2025 es posible cubrirla con proyectos alternativos.

Dejo un extracto y un link para leer la noticia completa.

 

Estudio energético determina que HidroAysén No es Necesario

 

Hoy 2 de julio se da a conocer un estudio de investigación que concluye que el proyecto HidroAysén no es necesario, según estimaciones de la demanda energética versus la oferta de aquí al año 2025.

Descargar estudio aquí

 

 

La investigación “¿Se Necesitan Represas en la Patagonia? Un Análisis del futuro energético chileno”, que fue encargada por el Consejo de Defensa de la Patagonia y apoyado por Natural Resources Defense Council y The Patagonia Foundation, revela que los proyectos aprobados por la Comisión Nacional de Energía generarán 23.143 MW de capacidad instalada mientras que sólo se requerirán 22.736 MW.

De aquí al año 2025 los proyectos de generación a partir de energías renovables convencionales y no convencionales proveerán al país de más energía de la que demandará la población, según la proyección de la Comisión Nacional de Energía (CNE) a esa fecha. Esta es una de las conclusiones del estudio “¿Se Necesitan Represas en la Patagonia? Un Análisis del futuro energético chileno” que será lanzado oficialmente hoy jueves 2 de julio a las 16 hrs. en el Salón Gorbea de la Escuela de Ingeniería y Ciencias de la U. de Chile (Beaucheff, 3° piso).

Actualmente en el Sistema Interconectado Central (SIC) se genera 42.000 GWh al año y se estima que al año 2025 se llegará a una generación total potencial de 180.000 GWh con los proyectos que se encuentran en ejecución y los que están en carpeta, esencialmente centrales a carbón y en menor medida minihidráulicas y proyectos eólicos. Sin embargo, según la proyección de la propia Comisión Nacional de Energía (CNE), a esa fecha el país sólo necesitaría 105.000 GWh al año.

Roberto Román, docente de la Universidad de Chile y uno de los autores de este estudio, concluye que la proyección de la demanda energética demuestra que HidroAysén es innecesario, ya que el país tendrá una sobre oferta de energía de 75.000 GWh de aquí al año 2025.

continua aquí: http://www.patagoniasinrepresas.cl/final/noticia.php?id_noticia=668

EN EL DÍA DEL MEDIO AMBIENTE DECIMOS FUERTE: NO A LAS TERMOELÉCTRICAS, SI A LAS ENERGÍAS RENOVABLES

 

Chile un país pequeño. Esta frase la he escuchado en vivo de parte de algunas autoridades connotadas de nuestro país, pues parece que constatar nuestro número de habitantes como una especie de debilidad ante los desafíos del mundo, una especie de justificación permanente para no atrevernos a nada, para agachar la cabeza ante los pasos necesarios para avanzar al desarrollo, no sólo sumando más dólares per capita sino comprendiendo ese mismo desarrollo como uno que busca la mejor distribución de los ingresos, el bienestar social para todos y todas, con garantías básicas que permitan a los ciudadanos desarrollar sus propios proyectos. Hacen de la frase un argumento inquebrantable.

 

No es menos cierto por lo tanto, que para desarrollar esos proyectos, para lograr el objetivo, que chilenas y chilenos vivan mejor, necesitemos un medio ambiente que permita que hoy y en el futuro convivamos con el entorno que nos rodea en forma limpia y sustentable.

 

La energía constituye en esta tarea una base fundamental y estratégica, en los próximos años la deficiencia energética chilena se ve cada vez más cerca, y si bien el gobierno a dado pasos para desviar las proyecciones, estos pasos son débiles cuando claramente nuestro país puede y debe hacer mucho más en este ámbito.

 

La ley 20.257/2008 sobre energía renovable no convencional, obligará a las empresas en un periodo entre el 2010 al 2024 inyectar en el sistema interconectado central un 10% de energía renovable no convencional. El 50% de ella deberá inyectarse entre el 2010 y el 2014, y a partir del 2015 esta irá aumentando año a año un 0,5% hasta completar en el 2024. Una buena noticia, pero algunos expertos consideran que chile podría hacer mucho más. Yo estoy convencido de que existen otras tantas alternativas limpias y sólo hace falta decisión y mirada de futuro.

 

Pero a pesar de la Ley y otros anuncios como el parque solar de en San Pedro de Atacama, Chile debe cargar con la vergüenza de continuar privilegiando energías sucias y contaminantes, energías que le hacen daño al planeta, daño a Chile tanto en su ecosistema como a su imagen ante el resto del país. Mala imagen que se suma a proyectos como Pascua Lama o Hidroaysen. Estas son las termoeléctricas a carbón, energía altamente contaminante y con un impacto ambiental y social de gran envergadura.

 

En Tarapacá la primera región de Chile, tiene según el SEIA cuatro proyectos de impacto ambiental para construir centrales termoeléctricas, de ellos uno ya ha sido aprobado, dos están en calificación y uno ha sido desistido. La autoridad parece hacer oídos sordos ante los reclamos de la ciudadanía organizada que teme por su ambiente natural, pescadores artesanales que ven amenazados tantos sus medios de subsistencia, como así también destacan nuevamente el abandono de zonas alejadas del desarrollo de las ciudades.

 

Tenemos una política energética asustada de su futuro inmediato, la deficiencia, la incapacidad de construir acuerdos internacionales y la inestabilidad de nuestros socios en América Latina para garantizar esos acuerdos pone a Chile en la urgencia de tener una plataforma energética a mediano plazo. Es precisamente esa urgencia la que se usa de argumento para dar paso a un doble discurso que además es peligroso, un discurso que por una parte apoya la generación de energías limpias, pero por otras a espaldas de la ciudadanía da vía libre a la construcción de termoeléctricas que contaminan de manera nefasta.

 

No basta con tener un discurso ejemplar y hacer anuncios pomposos, las acciones deben ser ahora para garantizar a mediano y largo plazo un sistema energético sustentable. Esto se puede hacer sin lugar a dudas, las posibilidades están sobre la mesa, los grupos ecologistas llevan años proponiendo soluciones y estrategias en este sentido, pero hemos hecho oídos sordos. Tenemos tiempo para escuchar y hacer las cosas diferentes.

 

Uno de los pasos necesarios es la subvención de las energía limpias, que incentiven las inversión, pues el costo del futuro con las energías convencionales sin duda será más caro cuando tengamos que lamentar la destrucción irrecuperable de nuestros recursos naturales.

 

Debemos decir no a las termoeléctricas y si a las energías renovables no convencionales, debemos alzar la voz y detener los proyectos que amenazan nuestro medio ambiente y nuestras vidas.

 

Recomendados... Revista Impacto Ambiental

Recomendados... Revista Impacto Ambiental

Desde hoy, un nuevo enlace para este blog. La Revista Impacto Ambiental, es Chilena y se dedicaa a ser un medio especializado para todos (personas, instituciones y empresas) conoscan los avances en los temas medioambientales. Espero les interese a todos este link y puedan acceder de forma fácil a un información cada día más necesaria en los tiempos que corren.

 

Recomiendo particularmente dos artículos: Chile impulsará creación de proyectos de energía solar y Empresas apuestan por un 70% de ahorrro utilizando energía solar

 

Solo un Planeta.com es el enlace que no nos puede faltar

Solo un Planeta.com es el enlace que no nos puede faltar

En mi inmersión sobre las energías renovables he encontrado esta página que sin duda alguna espero a todos y a todas les interese, no sólo por su amplia tematica sobre el medio ambiente, sino por su lenguaje claro para darnos a entender de que va esto. Espero todos puedan linkear http://www.solounplaneta.com

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El desafío mundial

El desafío mundial

Consideraciones sobre el mundo en que queremos vivir.

 

Por: Gonzalo Prieto Navarrete

 

Desde hace algunos meses, vivo en un departamento grande, con otros cuatro compañeros. Al poco tiempo de vivir allí me fui percatando de algunas cosas muy interesantes que tienen que ver con la cotidianeidad de vivir en una casa como todos nosotros.

 

En mi casa somos cinco personas, por tanto usamos la ducha un mínimo de cinco veces al día, como todos tenemos vidas independientes (quiero decir con ello que no somos una familia tradicional) cada uno realiza las compras de manera personal, cocina por tanto cada uno de forma independiente, nuestro consumo de energía eléctrica y agua es abundante. No obstante, la mayor evidencia del consumo ingente de recursos se ve materializada en la basura.

 

La basura es un buen indicador para saber cuanto consumimos y que consumimos diariamente, desechamos una media de tres bolsas de unos 3 kilos aproximadamente en mi casa. La multiplicación semanal, mensual y anual es increíble. Si a ello sumamos el resto del consumo en agua y energía ya podrán ir calculando.

 

El mundo es como una casa y nuestros gastos, nuestro consumo diario al igual que una casa particular, necesitan de recursos cuantiosos para desarrollar las más mínimas acciones. Si a ello agregamos que quienes demandan eso recursos, las personas quienes habitan esta gran casa llamada Planeta Tierra, aumentan considerablemente cada año. A pesar de la caída de la natalidad y el aumento de la esperanza de vida de los países desarrollados. Podremos constatar que nuestro ritmo de vida global esta acabando con esos recursos necesarios para poner en marcha todo aquello que conocemos, y que gravemente somos inconcientes de cómo estos recursos se producen y dan marcha a la vida misma.

 

Los recursos de acaban y tardíamente estamos tomando consciencia de que debemos cambiar estructuralmente nuestra forma de vida, la utilización de esos recursos. Es necesario tomar conciencia plena de la situación y aumentar la celeridad en los cambios necesarios para adelantarnos (aunque ya vamos muy tarde) a las consecuencias de más de un siglo de depredación del ecosistema.

 

Es volver al discurso Maltusiano como planteamiento del problema. Y ser capaces de redireccionar las decisiones políticas, económicas y por sobre todo la transformación cultural que implica darnos cuenta de lo que esta pasando día a día. Muchas veces el problema nos parece tan lejano, nos hablan del calentamiento global, nos dicen que Groenlandia se derrite dos centímetros más de lo normal, lo vemos por la tele y parece que no nos alcanza y que aquel es un problema de otros. Pero no es cierto.

 

Por ello es importante ejemplificar que estás prácticas, estos hábitos enraizados en una cultura del consumo devorador e incapaz de convivir con nuestro medio natural, en ejemplos de la vida diaria que permitan ser internalizados y reproducidos. La educación aquí es fundamental, como institución central en la socialización, la familia, las administraciones públicas, los medios de comunicación, las organizaciones sociales, las empresas.

 

Hoy el discurso sobre la sustentabilidad es eje central mundial, todos hablan de ello, pero no basta, ese es sólo el primer paso, pues debemos pasar al segundo nivel. Este nivel es la intervención real en nuestro modelo social, político y  económico. Pues un día en mi casa ocurrirá que abriré el grifo y puede que no salga agua como hoy, sino que tendré que pasar tarjeta y comprar los litros necesarios para ducharme y cocinar. Pasará que cuándo deje la basura en el contenedor, no habrá contenedor o tendré que pagar porque me retiren la basura. Pasará que cuando vaya a comprar comida está me cueste más que comprar un teléfono móvil de última generación; pasará que el mundo ya no será un mundo habitable, pasaremos a sobrevivir en él. Un Apocalipsis que es absolutamente evitable, siempre y cuando las tareas para ello comiencen hoy.

 

Es la oportunidad y tal vez la última que tenemos de escucharnos a nosotros mismos y mirar hacia atrás, hacia dentro de nuestras culturas originarias que tan bien aprendieron a convivir con la naturaleza, a diseñar un mundo donde la calidad de vida, el bienestar no está reñida con la libertad y el progreso, pero si estará basada en una nueva ética que nos permita ver un mañana con un cielo azul, donde los que vienen no tendrán que mirarnos a nosotros con tristeza y desprecio por los actos cometidos.

 

Todos podemos hacer algo, comencemos por nuestras casas y defendamos aquellas ideas que están en la mira de construir un mundo mejor de cómo lo encontramos. 

 

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